Noche interminable, no podía dormir y no era para menos, dentro de unas horas iba a votar por primera vez en mi vida...
A las 7 de la mañana ya estaba listo para salir de mi departamento. Había mirado una y mil veces las boletas que ya tenía preparadas desde que las había retirado del Comité de la Av. Luro .
En esa época yo estudiada biología en la Universidad Nacional de Mar del Plata y el año anterior ( 1982 ), junto a un grupo de compañeros de todas las facultades, habíamos refundado Franja Morada.
Recuerdo que la boleta estaba constituída por 3 cuerpos separados, el amarillo para la categoría municipal, el celeste para el nivel provincial y el blanco para la nacional .
Me puse en un bolsillo mi D.N.I., en el otro las boletas, y salí caminando rumbo al lugar donde me tocaba sufragar. ¡ Era en un cine !.
Ya en la cola que se había armado, me tocaba a cada rato el bolsillo para asegurarme de que no se asomaran las boletas. Había soldados custudiando con los FAL que tan acostumbrados estábamos a ver desde hacía ya 7 largos años.
En lugar de la cartelera anunciando las películas, habían puesto todas las recomendaciones y prohibiciones para ese día. Ansioso, asustado y feliz, esos 3 estados de ánimo entremezclados sentía en esos momentos.
A las 8 en punto abrieron las puertas y comenzamos a entrar al cine. Llegó mi turno y el presidente de mesa me miró y sentí tranquilidad, porque su mirada la interpreté como un mensaje " estamos del mismo lado ".
Ya en el cuarto oscuro, saqué mi voto, lo metí en el sobre, lo cerré con un mayúsculo cuidado para que no se pegoteara, eché un vistazo a la mesa donde estaban todas las boletas por número de orden correlativo, identifiqué la lista 3 enseguida y salí.
El presidente de mesa cuando me entregó el D.N.I., me extendió su mano y algo me dijo, creo que me deseó suerte.
Salí caminando rumbo a una telefónica para llamar a mis papás y expresarles la emoción que estaba sintiendo en esos momentos.
Me fuí a casa y traté de dormir, no pude. Miré todos los folletos que había acumulado durante toda la campaña electoral y luego me puse a leer mi inseparable Revista Humor.
A partir de las 18, encendí la radio y la tele para ir siguiendo paso a paso el lento escrutinio.
La madrugada del Lunes 31 de Octubre de 1983, fue sin dudas, una de las más felices y emotivas de mi vida.
La Democracia había llegado.
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