Llegué a Madryn en una fría madrugada del 29 de Julio de 1953, eran casi las 3 y estaba helando.
Luego de un largo viaje de mi Buenos Aires natal, había tomado el tren el día anterior hasta San Antonio Oeste, luego hice el transbordo en ómnibus ( Transportes Patagónicos ) hasta la terminal de Madryn que estaba en lo de Tuffoni, pegado a la carpintería de Martinelli, Calle Roque Sáenz Peña.
Me estaba esperando un joven, Marino Casado, que a pedido del Dr. Pozzi le había solicitado me aguardara y me hiciera alojar.
Nos presentamos con Marino y creo que a partir de allí simpatizamos mutuamente y tuvimos una sólida amistad que perduró a través de los años.
Me llevó a alojarme al Hotel París, donde me recibió una señora mayor que me asignó una habitación y me preguntó, " quiere que le caliente la cama ? ", si respondí yo y al cabo de unos minutos apareció con un botellón de cerámica de Ginebra Bols conteniendo agua caliente, además me ofreció un té.
A la mañana siguiente fuí a verlo al Dr. Carlos Enrique Pozzi a su consultorio de Mitre al 400. Me recibió cálidamente y mate de por medio me puso al tanto de los temas profesionales y me contó cómo era la sociedad madrynense. " Nunca hable mal de nadie, están casi todos emparentados " me dijo acompañado por esa risa franca y contagiosa que tenía.
Luego de un largo viaje de mi Buenos Aires natal, había tomado el tren el día anterior hasta San Antonio Oeste, luego hice el transbordo en ómnibus ( Transportes Patagónicos ) hasta la terminal de Madryn que estaba en lo de Tuffoni, pegado a la carpintería de Martinelli, Calle Roque Sáenz Peña.
Me estaba esperando un joven, Marino Casado, que a pedido del Dr. Pozzi le había solicitado me aguardara y me hiciera alojar.
Nos presentamos con Marino y creo que a partir de allí simpatizamos mutuamente y tuvimos una sólida amistad que perduró a través de los años.
Me llevó a alojarme al Hotel París, donde me recibió una señora mayor que me asignó una habitación y me preguntó, " quiere que le caliente la cama ? ", si respondí yo y al cabo de unos minutos apareció con un botellón de cerámica de Ginebra Bols conteniendo agua caliente, además me ofreció un té.
A la mañana siguiente fuí a verlo al Dr. Carlos Enrique Pozzi a su consultorio de Mitre al 400. Me recibió cálidamente y mate de por medio me puso al tanto de los temas profesionales y me contó cómo era la sociedad madrynense. " Nunca hable mal de nadie, están casi todos emparentados " me dijo acompañado por esa risa franca y contagiosa que tenía.
¿ Cómo lo conocí al Dr. Pozzi ?
Al Dr. Pozzi lo había conocido en el 52, trabajando yo como médico de la Dirección Nacional de Tierras, y como tal había recorrido toda la Patagonia haciendo Zig-zag, de este a oeste con camiones, camionetas y enormes casillas rodantes.
Yo tenía en mis planes venir a vivir a la Patagonia y había marcado dos posibilidades, Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn.
Habíamos hecho campamento en la esquina donde está hoy el Banco Nación y Don Juan Patané me indicó dónde atendía el Dr. Pozzi.
Elegí a Madryn porque desde que conocí al Dr. Pozzi, quedé cautivado por su personalidad y calidez humana.
Entonces charlamos en ese año y le conté sobre mis proyectos y Pozzi me dijo, " Véngase, necesito otro médico en el consultorio y en el policlínico ".
Elegí a Madryn porque desde que conocí al Dr. Pozzi, quedé cautivado por su personalidad y calidez humana.
Entonces charlamos en ese año y le conté sobre mis proyectos y Pozzi me dijo, " Véngase, necesito otro médico en el consultorio y en el policlínico ".
El Dr. Pozzi me presentó al Dr. Andrés Isola y al Dr. Kirchmayr. A la semana de haber llegado y tal como lo habíamos acordado previamente, Pozzi se tomó unas merecidas vacaciones de tres meses fuera de Madryn.
Fueron los días más estresantes que pasé en mi vida !!!!!. yo dormía en el consultorio y permanentemente debía atender alguna urgencia sea en el policlínico como en algún domicilio.
Un señor que no recuerdo su nombre y era el único taxista del pueblo, me pasaba a buscar todas las noches a partir de las 20 y hacíamos la recorrida de visitas a los pacientes.
En ausencia del Dr. Pozzi hubo que realizar algunas cirugías y como yo no estaba formado como médico cirujano, llevábamos al paciente a operar a Trelew con el Dr. Atilio Oscar Viglione, así lo conocí profesionalmente y luego compartiendo muchas actividades que realizaba Atilio, además compartíamos la misma ideología partidaria, fuímos y somos muy buenos amigos.
Cuando volvió el Dr. Pozzi, volvió mi alivio y comenzamos a forjar una amistad entrañable y además yo a aprender de su gran formación profesional.
Comíamos casi siempre juntos, los dos solos y charlábamos de todo y a pesar de tener ideologías políticas diferentes, en esas charlas compartidas que para mí eran tan placenteras, coincidíamos o a veces no pero siempre con un sentido de gran cordialidad.
Jamás me tuteó ni yo a él, fue mi maestro, mi hermano mayor, mi consejero, un extraordinario amigo.
Finalmente quiero hacer un pequeño homenaje al grupo del Policlínico Ferroviario, a la cava enfermera Elena García Ramos, a las Sras. enfermeras, Betancourt, Meyra Bacaro, Margarita Cabrera, Faccio y Signorelli y al administrador Don Luis James.

Felicidades por sus 56 años como vecino, yo también llegué a este hermoso lugar aunque eso si cincuenta años más tarde que ud. Mi señora siempre me habla de usted, a ella la trató de chiquita, hoy tiene 41 años y tiene un hermoso recuerdo suyo, siempre me cuenta sobre lo bien que se sentia de niña siendo tratada por usted, así como de su gran calidad humana. Seguramente habrá tenido muchos reconocimientos, pero he querido escribirle esta entrada para que sepa que mi señora lo quiere y respeta mucho, y siempre habla de ud. como "su médico" por más que ya no lo sea. Un saludo.
ResponderEliminarAmigo Pegaso : Usted tiene la rara virtud de hipertrofiar mi ego, y aunque no soy vanidoso me estimula. Es un apoyo para levantar mi autoestima que está algo bajoneada. Para su esposa un cordial saludo de su antiguo médico.
ResponderEliminarSus palabras son una caricia para mi alma.
Pues lugar seguro que la tranquilidad no falta.
ResponderEliminarY envidia sana tengo de no poder convivir en un sitio tan ideal como lo imagino.
saludos.
Estimados Elías y Pedrito, ¡vamos!, a seguir escribiendo, que aún faltan un montón de nombres que han hecho al "pueblo" de madryn.Hay que sacar nuevas ediciones con la historia local y para eso hay que ubicar los recuerdos de la gente mayor (yo soy un pibe).-
ResponderEliminarUn abrazo muy grande para los dos y un beso para la mas bonita de la familia.MORO